José María “El Tempranillo”

Al sur de Córdoba en Jauja, aldea de Lucena, a la orilla del Genil, se crió y vivió durante gran parte de su vida. En el seno de la familia formada por el jornalero Juan Hinojosa de 25 años, y María Cobacho de 20. Más conocido popularmente por José María, El Tempranillo. Malos tiempos corrían para las pobres familias jornaleras en aquellos inicios del siglo XIX: una guerra por delante contra el invasor francés, una continua inestabilidad política y hambre, mucha hambre e incultura por todas partes.

Durante una romería en la ermita de San Miguel, cerca de Jauja, el joven José María, que no se sabe su edad exacta aunque fue entre los trece y los veinte años, mató a un hombre por causas no esclarecidas, unos dijeron que por vengar a su padre que había muerto asesinado años antes, otros que por vengar a su madre que había sido deshonrada por el asesinado, otros que fue por una novia, sea como fuere lo cierto es que huye de la justicia y se echa al monte empezando el bandolerismo, su tempranera edad hace que se le conozca como El Tempranillo.
Pronto encabeza su propia partida y sus correrías se hacen célebres tomando fama de “robin hood” que roba a los ricos para ayudar a los pobres.
Viajar por Andalucía era, según Theóphile Gautier, muy peligroso: “A cada paso se arriesga la vida, y los menores inconvenientes con los que se tropieza son las privaciones de todo género, la falta de las cosas más indispensables para la vida, el peligro de los caminos, verdaderamente impracticables para quienes no sean arrieros andaluces; un calor infernal, un sol capaz de derretir el cráneo; además hay que enfrentarse con los facciosos, los ladrones y los posaderos, gente bribona, cuya honradez se acomoda al número de carabinas que lleva uno consigo. El peligro os rodea, os sigue, os precede; sólo oís cuchichear historias terribles y misteriosas”.
Aquel muchacho de Jauja, de una inteligencia natural infinitamente más grande que su estatura, formó una partida de bandoleros que se dedicaron al asalto de galeras y diligencias y a la imposición de un tributo al viajero. Los robos se hacían siempre a la luz del día, eludiendo la violencia: “Quita una sortija –escribe Merimée- de la mano de una mujer: -Ah, señora, una mano tan bella no necesita adornos. Y mientras desliza la sortija fuera del dedo, besa la mano de un modo capaz de hacer creer, según la expresión de una dama española, que el beso tenía para él más valor que la sortija”.

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Un comentario sobre “José María “El Tempranillo”

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  1. Amigo Jose Maria veo que estas a la ultima en esto de las nuevas tecnologias ,no sabes cuanto me alegro. Muy pronto espero mandarte el enlace que estamos haciendo del “SITE”

    Un saludo

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